Entre mechones y esperanza: la mujer paraguaya que transforma cabello en sonrisas para pacientes oncológicos

Asunción, Agencia IP.- Con la voz serena y una sensibilidad que atraviesa cada palabra, Ina Delgado recuerda sus orígenes humildes en el campo paraguayo y las manos solidarias que alguna vez la ayudaron a salir adelante. Hoy, a sus 58 años, convirtió esa gratitud en una misión de vida: confeccionar pelucas oncológicas para quienes atraviesan el difícil proceso de perder el cabello durante un tratamiento médico.

«Es una forma de dar gracias a la vida por haberme dado tanto», expresa emocionada. Desde hace 24 años, Ina trabaja acompañando a pacientes con cáncer y alopecia, devolviéndoles algo más que una imagen frente al espejo: la confianza, la autoestima y las ganas de volver a sentirse ellos mismos.

La historia de esta labor solidaria también está atravesada por el dolor personal. Su abuela falleció de cáncer y su madre logró superar la enfermedad. Ambas experiencias marcaron profundamente su camino. «En memoria de mi abuela hago todo esto», cuenta.

Lo que comenzó de manera artesanal, desmontando pelucas para aprender a reconstruirlas cuando todavía no existían tutoriales ni internet, hoy se ha convertido en un trabajo sostenido por todo un equipo humano. Actualmente, desde la Fundación Ina Style, confeccionan pelucas en aproximadamente tres días gracias al apoyo de profesionales, de maquinaria y de materiales especializados. La fundación se financia principalmente con recursos de la peluquería Ina Style y mediante donaciones solidarias.

Uno de los pilares fundamentales del proyecto es la donación de cabello. Ina impulsó la creación del Día Nacional de Donación de Cabello, celebrado cada 15 de febrero, y recibe diariamente mechones provenientes de distintos puntos del país. Los requisitos son simples: cabello limpio, sano, atado y de al menos 25 centímetros de largo. Incluso aceptan cabello teñido para confeccionar pelucas destinadas a pacientes adultas.

«No importa la cantidad. Con un mechón ya podés hacer una diferencia enorme en la vida de otra persona», sostuvo.

Para Ina, las pelucas no son solo una cuestión estética. Son una herramienta emocional para sobrellevar el tratamiento. «Cuando están sin cabello, muchas personas se esconden; no quieren salir ni compartir con otros. Recuperar su imagen también ayuda a sanar», sostiene.

Ina asegura que el impacto positivo también alcanza a las familias. «Cuando el paciente se siente bien, toda la familia se fortalece. Se vuelve un proceso más llevadero para todos», explica.

Iris es una pequeña de cuatro años con alopecia universal, una condición permanente de pérdida de cabello, que llegó decidida a llevarse su peluca inmediatamente.

Actualmente, la fundación también confecciona pelucas para niños varones y para pacientes con alopecia permanente, ampliando así el alcance de una iniciativa que busca brindar apoyo emocional a quienes atraviesan momentos difíciles.

«Queremos que las personas sepan que esto es temporal y que no están solas», expresa Ina. «Si una peluca ayuda a recuperar la confianza y la fuerza para seguir adelante, entonces vale totalmente la pena».

Pero más allá de lo técnico, lo que conmueve son las historias.

A lo largo de más de dos décadas, Ina fue testigo de historias que todavía la conmueven. Muchas de ellas tienen como protagonistas a niños pequeños que, aun sin comprender completamente la enfermedad, sienten profundamente el impacto de perder el cabello.

Una de las historias que más la marcaron fue la de una niña de apenas tres años que se negaba a mostrarse sin cabello.

«Vivía con una gorrita de toalla puesta en la cabeza y no quería quitársela nunca. Imaginate la fuerza que tiene la pérdida del cabello, incluso a esa edad», relató emocionada.

Otra de las niñas que recientemente pasó por la fundación fue Bianca, de cinco años, cuya reacción quedó grabada en la memoria de Ina.

«Cuando se fue, no sabés cómo brincaba y tocaba su cabello de felicidad. Esa reacción paga todo lo que hacemos», contó.

También recordó el caso de Iris, una pequeña de cuatro años con alopecia universal, una condición permanente de pérdida de cabello, que llegó decidida a llevarse su peluca inmediatamente.

«Yo le explicaba que primero debía tomarle medidas y confeccionarla, pero ella quería llevar su cabello ese mismo día», recordó entre risas.

Para Ina, las reacciones de los niños son especialmente conmovedoras por la sinceridad con que expresan sus emociones.

La Fundación Ina Style continúa recibiendo donaciones de cabello de distintos puntos del país, a menudo enviadas por encomienda.

«El cambio es increíble. Las niñas son tan genuinas. No disimulan nada. Vos ves exactamente lo felices que se sienten», afirmó.

“Esto es temporal”

Además de confeccionar pelucas, Ina acompaña emocionalmente a quienes atraviesan tratamientos oncológicos. Su principal mensaje es recordarles que el proceso difícil no durará para siempre.

«Les digo que esto es temporal. Que es parte del camino para sanar. Verse bien ayuda muchísimo a sobrellevar el tratamiento», señaló.

«Muchos creen que es solo estética, pero no lo es», sostiene. «La pérdida del cabello afecta la autoestima, la seguridad y hasta las ganas de salir de la casa».

Ina asegura que ese cambio emocional también repercute directamente en las familias. «Cuando el paciente se siente mejor, toda la familia se fortalece. El proceso se vuelve más llevadero para todos», explica.

Por eso insiste en que las pelucas representan mucho más que una imagen estética. «Ayudan a sanar emocionalmente. Verse bien hace que la persona tenga más fuerza para atravesar el tratamiento», sostiene.

La Fundación Ina Style continúa recibiendo donaciones de cabello de distintos puntos del país, a menudo enviadas por encomienda. Además, buscan ampliar el alcance de la iniciativa para ayudar a más pacientes.

Quienes deseen colaborar donando cabello o realizando aportes para apoyar el trabajo de la fundación  pueden comunicarse al 0985 648 476.

Porque a veces, un simple mechón puede convertirse en esperanza.