Madrid.-Quince años después de la participación de Benedicto XIV en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid, un Papa regresa a España, puerta de entrada de Europa a África y Sudamérica.
Este hecho, tras años en los que el Papa Francisco se negó a reunirse con los obispos españoles en su tierra natal, debería bastar para definir la importancia del próximo viaje apostólico del Papa León XIV, que, tras sus visitas a Turquía y Líbano, el Principado de Mónaco y África, llega a la Península Ibérica.
Sin embargo, no es solo la dimensión de un Papa que regresa por todo lo alto a un país de la UE con características únicas (su fuerte tradición católica histórica coexiste hoy con el hecho de ser el país más secularizado de Europa) lo que define un viaje que abordará los temas de la paz, el desarme y el llamado a superar la polarización y acoger a los migrantes, especialmente con una parada en las Islas Canarias, punto de llegada de la más que letal ruta atlántica.
Esto se complementa con importantes eventos políticos y religiosos: en Madrid, León se dirigirá al Congreso de los Diputados (una primicia para un Papa), un parlamento que suele tener voz en Sudamérica, y en Barcelona, celebrará un poderoso momento litúrgico con la Misa de inauguración de la Torre de Jesucristo en la Basílica de la Sagrada Familia en el centenario de la muerte de Gaudí.
Entre los 22 discursos que pronunciará, todos en español excepto uno en francés, y los cuatro viajes a Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, será imposible para el Papa eludir el tema de los abusos.
También podrían incluirse reuniones con las víctimas a última hora, fuera del programa oficial.
Prevost no solo destituyó a un obispo (en Cádiz), en una de sus primeras medidas contundentes en España, sino que en marzo pasado se firmó un acuerdo entre el gobierno, la Conferencia Episcopal Española (CEE) y el Defensor del Pueblo, que introduce un nuevo sistema de reconocimiento y compensación para las víctimas de abusos sexuales en el ámbito eclesiástico.
Se trata de un modelo mixto en el que el Estado tiene la última palabra en materia de compensación. «Alzar la mirada» es el lema del viaje, una declaración que no eclipsa la cuestión de la evangelización en un país donde el porcentaje de personas que se identifican como católicas ha caído en picado del 90% a finales de los años 70 al 55-58% actual entre la población adulta, mientras que más de un tercio de la población se identifica como atea o agnóstica. Incluso entre los jóvenes de 25 a 34 años, más del 50% se declara totalmente indiferente a la religión, y solo el 36% se identifica como católico.
Es evidente que un programa tan integral será susceptible de ser manipulado por los distintos bloques políticos, especialmente ahora que el Gobierno de Sánchez se encuentra inmerso en una tormenta sin precedentes por la presunta corrupción del expresidente del Gobierno José Zapatero, mientras que Podemos boicoteará el discurso del Papa ante las Cortes y, por otro lado, el partido ultraderechista Vox ha acusado duramente a la Iglesia de lucrarse con los migrantes.
Sin embargo, antes de la llegada del Papa, varios líderes, como la gobernadora de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, del Partido Popular, han manifestado su disposición a moderar sus declaraciones. «España es un país que sabe dejar de lado sus diferencias políticas por un momento», resumió a la prensa tras ser recibida por el Papa el pasado domingo. «Celebraremos la visita de León XIV en esta unidad», apuntó.
Además, Prevost llega a España como un reconocido líder moral y religioso, plenamente comprometido con la paz, especialmente tras los ataques recibidos del presidente estadounidense Donald Trump. Y es precisamente en la convergencia hacia el multilateralismo, en contraposición al unilateralismo estadounidense, donde Sánchez busca fortalecer el eje Madrid-Vaticano en el escenario internacional.AnsaLatina.
