Los principios del desarrollo con energía

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Por Gerardo Blanco Bogado, consejero de la Itaipu Binacional.

«La consideración de la energía que despliega el Salto del Guairá y su aprovechamiento, tiene una doble importancia. Una, bajo el punto de vista de la riqueza que encierra y otra, el efecto que produciría su utilización respecto a la conservación de las materias combustibles y bosques que disponen el país… Convencido de los méritos que encierran, bajo el punto de vista económico, y como solución de un problema de gran trascendencia, cabe ahora investigar el modo de llevarlo a cabo…».

Este es un extracto de una publicación en el periódico «El Diario», escrito por un visionario paraguayo llamado Carlos Frutos, escrito en el año 1915. Luego de 100 años, es hora de que asumamos este desafío, y de que finalmente busquemos responder a la pregunta que puede cambiar el destino del Paraguay: ¿Cómo transformar energía en desarrollo?

Paraguay y energía, al leer estas dos palabras, Itaipú y Yacyreta es probablemente lo primero que nos viene a la mente. Sin embargo, la electricidad es sólo la tercera fuente de energía que moviliza al Paraguay. La fuente de energía que sigue prevaleciendo es la biomasa no sostenible, seguida de cerca por los derivados del petróleo, energía no renovable y contaminante.

Esta situación retrata que aún hay mucho espacio para aprovechar la electricidad renovable y limpia que tiene Paraguay, y transformarla en su desarrollo.

Más importante aún, la energía eléctrica no es la única que corre el riesgo de no ser aprovechada en Paraguay, sino que son los jóvenes. La mayor riqueza energética del Paraguay es su juventud, materializada en el bono demográfico por el que estamos atravesando.

La convergencia de estos dos bonos simultáneos: el bono demográfico y el superávit de energía eléctrica renovable, abre una ventana de oportunidad única para disparar un proceso de desarrollo disruptivo, pero no estará abierta por mucho tiempo. En una década llegará un período de invierno demográfico y energético, contexto en el que cualquier intento de desarrollo será mucho más complejo.

El día de hoy comparto hallazgos del GISE-FPUNA, que han sido publicados en importantes revistas científicas internacionales y que condensados dan vida a lo que llamamos los cuatro principios del desarrollo con energía.

Principio 1. El principio del valor: «La energía sólo adquiere valor cuando la transformamos en una necesidad satisfecha».

Lo útil no es la electricidad, es la luz. Como país, ante todo debemos definir las prioridades de las necesidades que queremos satisfacer. Esto puede ser visto a través de diferentes lentes, indicadores económicos, sociales, o tal vez ambientales, pero con certeza la necesidad final para transformar la energía en desarrollo, es el primer derecho que está consagrado en nuestra Constitución Nacional: la Dignidad Humana.

Principio 2. El principio de la transformación: «Para transformar la energía es necesario tener una tecnología transformadora».

Sólo transformamos la electricidad en algo útil como la luz mediante una tecnología transformadora: la lámpara. Si queremos transformar la electricidad en dignidad humana, necesitamos también una tecnología transformadora, que se llama Oportunidad. La oportunidad debemos cristalizarla en activos tangibles como: empleos dignos, educación y servicios de salud de alta calidad, etc. Estos activos allanarían el camino hacia la conquista de la dignidad humana, si y sólo si los transformamos en bienes públicos.

Principio 3. El principio de inclusión: «El crecimiento inclusivo se basa en la acumulación de bienes públicos».

Los bienes públicos son aquellos donde los individuos no pueden ser excluidos del uso o pueden disfrutar del bien sin pagar por él, y, al mismo tiempo, el uso por parte de un individuo no reduce la disponibilidad para otros. Nuestro mayor reto es transformar la dignidad humana en un bien público.

Entonces, tenemos superávit de electricidad renovable y un bono demográfico, que abren una ventana de desarrollo, ¿Cómo podemos fusionarlos en un plan de acción? Según los modelos del GISE-FPUNA, si consumiéramos todo nuestro superávit de electricidad en industrias en Paraguay, podríamos generar dos millones de empleos directos, dos millones de oportunidades para generar dignidad humana.

Pero, lamentablemente, atraer masivamente industrias al Paraguay no es posible sólo con la juventud y la electricidad. De acuerdo a cualquier informe de Doing Business en Paraguay se nota que las principales barreras para hacer negocios en Paraguay son la informalidad, la corrupción, la educación, la infraestructura y la confiabilidad eléctrica.

De estos cinco elementos, probablemente el elemento que mejorándolo los demás elementos también mejorarán en el mediano plazo, haciendo sostenible nuestro desarrollo, es la educación. Aquí aparece el último principio.

Principio 4: El principio de la sostenibilidad: «Para acumular bienes públicos y un desarrollo sostenible, hay que lograr la cooperación social».

Garret Hardin, a finales de los setenta con su obra seminal «Tragedia de los comunes», afirma un destino fatal para los bienes públicos. Según Hardin, la tragedia de los comunes describe una situación en un sistema de recursos compartidos en la que los usuarios individuales actúan de forma independiente según su propio interés hasta agotar y destruir el bien común mediante su acción colectiva.

Afortunadamente, más recientemente la académica Elinor Ostrom, primera mujer premio Nobel de Economía, demostró que los recursos comunes pueden ser gestionados con éxito mediante, entre otros requerimientos, acuerdos colectivos que permitan participar a los usuarios en los procesos de decisión.

Ahí es donde aparece la necesidad de la cooperación social para construcción de un gran acuerdo nacional en el Paraguay, orientado a la construir la confianza social y el diseño de una visión de futuro común para empezar a acumular bienes públicos. Yuval Noah Harari, en su libro Sapiens, afirma que el dominio del homo sapiens en la Tierra se basa principalmente en ser la única especie de la naturaleza donde un gran número de individuos son capaces de cooperar de manera flexible, y que esto sólo es posible gracias a nuestra gran capacidad de crear imaginarios comunes, realidades intersubjetivas compartidas.

En conclusión, me atrevo a proponer un reto, ya que ponernos de acuerdo en el presente es tan complicado, pongámonos de acuerdo sobre el futuro. Imaginemos hoy el país que queremos dentro de 50 años y asumamos cada uno de nosotros el papel de arquitectos de ese imaginario social del nuevo Paraguay.

Daniel Kanheman, sicólogo premio nobel de Economía, padre de la Economía Conductivista, demostró que una persona asume mayor riesgo cuando siente que algo suyo lo puede perder, incluso más que cuando podría ganar algo que todavía no es suyo. Es por ello que necesitamos que ese imaginario social sea asimilado como algo nuestro, algo real y tangible, y no como algo que lo que vamos a ganar, sino lo que vamos a perder si no lo conquistamos.

Si seguimos estos cuatro principios, estoy seguro de que, los paraguayos, seremos  capaces de mostrar al mundo, cómo transformar la «Tragedia de los Comunes» en la «Epopeya de los Comunes».

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