Octubre Rosa y el lazo que nos une

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Por Alicia Pomata, Directora del Programa Nacional de Control del Cáncer (Pronac)

En los últimos años, cada octubre, hemos encontrado como sociedad una iniciativa que nos encuentra a todos unidos sin distinción, un verdadero lazo rosa que nos une alrededor de un tema común: el Cáncer de mama.

La gran mayoría destacando el aspecto positivo de dar visibilidad a este problema de salud pública, que con números en ascenso afecta cada año a cientos de mujeres en nuestro país y el mundo, tan solo el año pasado las estadísticas nos mostraron 1.950 nuevos casos.

Es ya una constante recibir meses antes consultas desde organismos públicos y privados sobre el lema a ser usado durante el mes rosa, pedido de charlas de concientización e invitaciones a innumerables actividades como conciertos, caminatas y otros, todos con el objetivo común de resaltar la importancia de la prevención y la detección precoz del cáncer de mama.

Sin embargo es importante resaltar que si bien el llamado que realizamos durante estas campañas es acudir a los centros de consulta y diagnostico, es nuestra tarea como servidores públicos poder ofrecer la cobertura necesaria para que todas aquellas mujeres que responden a esa convocatoria en pos del cuidado de su vida y su salud encuentren respuesta y atención brindada con la calidad y calidez que se merecen.

Es por ello que las campañas no solo cumplen el efecto de generar conciencia en nuestra población sobre esta patología, sino que también ejercen un efecto sobre autoridades nacionales, empresarios y líderes comunitarios  que  también sienten que deben responder a las necesidades que ese lazo rosa representa.

En base a esta visibilidad hemos logrado con el apoyo de toda la sociedad modificar leyes como la 3803/6211 que otorga ahora no solo uno, sino dos días de licencia para realización de estudios del cáncer y la novel Ley 6266 de Atención Integral a los pacientes con cáncer que asegura en su artículo primero la cobertura desde la promoción de la salud, prevención, diagnóstico y tratamiento hasta los cuidados paliativos de todos los habitantes del territorio nacional.

Si bien existe un largo camino por andar, el norte para hacer frente a este flagelo está bien identificado para la comunidad y se llama Educación: conocimiento para prevenir y detectar a tiempo esta enfermedad que no distingue sexo, condición social ni edad. Para nuestras autoridades y servidores públicos el camino es dotar de presupuesto e insumos necesarios para lo que, según la Organización Mundial de la Salud, será la primera causa de muerte a nivel mundial en los años venideros.

Nuestra voz vale y tiene poder, alcemos esa voz y no permitamos que haya más muertes que lamentar, más mujeres que sean dejadas atrás, no permitamos que ese lazo que nos une se corte.

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