River cayó de local ante Palmeiras en la ida de la semifinal de Libertadores

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Buenos Aires.- River Plate sufrió un duro revés en la semifinal de ida de la Copa Libertadores ante Palmeiras, en cancha de Independiente, donde el conjunto brasileño, que está invicto en el certamen, lo superó por 3 a 0, explotando al máximo los contraataques de que dispuso a lo largo del encuentro.

De hecho los paulistas contaron con una sola opción de gol en el primer tiempo, y no fue generada por su juego, a todas luces conservador en esa fase del partido, sino por un error del arquero Franco Armani, que no confió en su compañero Robert Rojas y rechazó con los pies un centro que era del defensor paraguayo, dejándole el balón servido a Rony, que remató cruzado y tras un desvío muy fino se metió contra el palo derecho.

Ese fue el primer síntoma de una noche que iba a ser de contínuos padecimientos para los dirigidos por Marcelo Gallardo, que parecían estar repitiendo lo del superclásico del sábado pasado, cuando dominaron a Boca Juniors con la posesión de la pelota pero no lograron plasmar esa superioridad en la red.

De la misma manera hoy River siguió manejando la pelota después de esa conquista brasileña que llegó muy poco antes de la media hora de una etapa inicial que le dejó a los «millonarios» una gran sensación de injusticia por lo que habían hecho con su juego y lo que en realidad indicaba el marcador.

Pero esa desconfianza que pareció manifestar Armani hacia Rojas tuvo su verificación en los hechos apenas comenzado el segundo período, cuando el zaguero central pareció haber olvidado los consejos que le dio Gallardo después del 2-2 ante Boca, cuando le recomendó «romperle los tobillos» en ese caso a Carlos Tevez, que se dio vuelta y encaró hacia el arco para habilitar a Sebastián Villa, quien convirtió el empate definitivo en el superclásico.

Esta vez, como aquella, Rojas fue pasivo en la marca y permitió que Luiz Adriano le hiciera una especie de pick and roll basquetbolístico posteándose de espalda y girando sobre el cuerpo del paraguayo para partir sin oposición en busca del arco riverplatense y vencer a Armani con un remate bajo que ingresó entre las piernas del guardavallas.

El segundo golpe le dolió mucho a River, y le costó asimilarlo, al punto que pareció «groggy» durante varios minutos, y curiosamente una «canchereada» de Gabriel Menino, bajando con el taco una pelota que llegaba por elevación, terminó siendo definitivamente productiva para las aspiraciones de los conducidos por el portugués Abel Ferreira.

Es que esa acción provocó el enojo de varios futbolistas riverplatenses, empezando por Enzo Pérez, pero lo suyo no pasó de una recriminación, mientras que el menos experimentado Jorge Carrascal fue a hacer justicia por «pie propio» con una doble patada con derecha e izquierda que obligó al árbitro Leodán González a expulsarlo.

Todavía no se jugaba el cuarto de hora del segundo tiempo y esa «calentura» del colombiano fue letal para su equipo, que para colmo de males recibió el tercer tanto por un cabezazo del lateral izquierdo uruguayo Matías Viña que llevó a Armani a buscar la pelota en el fondo de su arco por tercera vez en la oscura, y no solamente por la lluvia; noche de Avellaneda.

Con semejante diferencia y la valorización doble del gol de visitante, River tenía que salir a todo o nada y se exponía a las contras de los brasileños, pero no le quedaba otra, porque levantar semejante lastre dentro de una semana en San Pablo requerirá, esta vez sí, de una verdadera hazaña futbolera, aunque para un equipo de Gallardo todo es posible.

El final dejó la sensación de que Palmeiras, que en el Brasileirao no es de los mejores, ya que está sexto, a 12 puntos del líder San Pablo, terminó manejando el partido pese a jugar de contra, porque los ataques de River, que perdió 3 a 0 por primera vez de local (había caído por el mismo marcador en el arranque del certamen ante Liga de Quito, pero en Ecuador), se mostró impotente para lograr al menos reducir la desventaja.

Lo intentó el «millonario», pero no hubo caso, nada le salió a River, y el sueño de jugar otra final de Libertadores en el Maracaná como el año pasado, para tomarse revancha de aquella derrota con Flamengo, hoy quedó bastante difuso, demasiado tal vez. Télam

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