Asunción, Agencia IP.- El debate sobre los límites de la estética facial, la armonización orofacial y los riesgos asociados a la mala praxis médica fue abordado en una reciente emisión del programa Tribuna, emitido por Paraguay TV, que contó con la participación del cirujano maxilofacial y especialista en estética facial Rubén Viveros.
Durante la entrevista, el profesional, con más de 12 años de trayectoria, analizó los mitos y controversias que rodean al uso del ácido hialurónico en procedimientos estéticos, señalando que el principal problema no radica en el producto, sino en la falta de preparación profesional y el intrusismo.
«El ácido hialurónico no es el enemigo; el verdadero problema es la falta de preparación y el intrusismo», afirmó Viveros, al explicar que estos tratamientos no solo persiguen objetivos estéticos, sino también correcciones funcionales y armónicas del rostro.
El especialista también destacó el crecimiento de la demanda masculina de tratamientos estéticos en Paraguay, lo que refleja un cambio cultural en torno al cuidado personal.
«Cuando inicié mi carrera, atendía a un solo cliente hombre por semana. Hoy recibo entre cinco y ocho varones semanalmente», reveló, señalando que la estética dejó de ser un tema tabú para muchos hombres que buscan mantener una imagen saludable y competitiva.

Otro de los puntos abordados fue el cambio en el perfil etario de los pacientes. Según explicó, cada vez más mujeres jóvenes acuden a consultas preventivas desde los 20 años, con el objetivo de cuidar la piel y retrasar de manera armoniosa los signos del envejecimiento.
Al referirse a los excesos en la armonización orofacial, Viveros sostuvo que el éxito de los procedimientos estéticos radica en conservar la naturalidad.
«El éxito de la estética es que no se note. Envejecer con dignidad significa abrazar el paso del tiempo sin perder la esencia», expresó.
La entrevista concluyó con un llamado a la responsabilidad ciudadana antes de someterse a tratamientos estéticos invasivos. El especialista recomendó verificar las credenciales profesionales y los registros sanitarios, y exigir información clara sobre los productos utilizados.
«No se trata de negarse a los avances de la ciencia; el secreto está en saber con absoluta certeza en manos de quién ponemos nuestro rostro», enfatizó.
